Este proyecto es una exploración editorial y sensorial sobre la obra cumbre de Federico García Lorca: La Casa de Bernarda Alba. El fanzine nace como un objeto visceral, un puente entre el drama teatral de 1936 y el lenguaje gráfico contemporáneo. No es solo una recopilación de datos, sino un viaje visual por el infierno mudo y frío de Valderrubio, capturando el latido de unas mujeres atrapadas entre muros gruesos y lutos eternos.
Traducir la opresión, el silencio y la pasión desmedida de la obra lorquiana a un formato gráfico accesible y punzante. El propósito era acercar el universo del dramaturgo a nuevos públicos, transformando la lectura en una experiencia táctil y visual que permitiera “sentir” el calor asfixiante y la vigilancia inexorable de la casa de Bernarda.
Conceptualización narrativa, Dirección de Arte, Diseño Editorial e Ilustración. Como autora integral de la pieza, me encargué de la curatería de textos, la selección de citas clave y la creación de un sistema visual simbólico que dialogara con la arquitectura del espíritu que Lorca plasmó en su texto.
El mayor reto fue maquetar el “silencio” y el “ritmo”. En la obra de Lorca, una pausa dice más que un parlamento, y trasladar esa tensión a una página estática requirió una gestión milimétrica del espacio en blanco. Otro desafío fue evitar la representación literal de los personajes, optando por una simbología abstracta que permitiera al lector proyectar sus propias sombras y miedos en el papel.
Se estableció un código cromático triádico cargado de significado: el negro del luto y la opresión, el blanco de las paredes que ocultan la verdad y el rojo visceral de la sangre, el erotismo y la catarsis final. Utilicé una tipografía con carácter para representar la autoridad de Bernarda frente a composiciones tipográficas más libres y desestructuradas que evocan la rebeldía de Adela. Incorporé iconografía experimental, como el ojo tras las rejas, para simbolizar la vigilancia y el “qué dirán” que asfixia la libertad individual.
Una pieza editorial de 32 páginas que funciona como un documental fotográfico y poético. El fanzine ha logrado dotar de una nueva piel a un clásico, permitiendo que la obra respire fuera de los escenarios. La combinación de texturas, sombras proyectadas y citas potentes genera una conexión emocional inmediata, cumpliendo con la premisa de Lorca: convertir el teatro en algo humano.
El proceso comenzó con una inmersión profunda en la historia de Valderrubio y el pozo medianero que inspiró a Federico. A partir de ahí, dividí la estructura en los tres actos de la obra, analizando el ritmo de cada uno (mañana, tarde y noche) para que la maquetación reflejara esa progresión temporal. Trabajé en la fusión de imágenes de archivo del autor con ilustraciones vectoriales contemporáneas, asegurando que cada doble página tuviera un peso artístico propio pero coherente con el ecosistema global del fanzine.
Este proyecto me ha enseñado que el diseño editorial es, en esencia, una forma de tallar el espíritu a través de la página. He aprendido a utilizar el diseño no solo para informar, sino para representar lo invisible: el miedo, la esperanza perdida y la lucha por la identidad. El Fanzine Lorca es la prueba de que la rotura de una convención gráfica puede ser tan poderosa como el grito de libertad de un personaje, y que las cicatrices de nuestra historia literaria merecen ser resaltadas con el mismo cuidado que una obra de arte.